Me gusta ir al colegio electoral y depositar mi voto en la urna. Para mí es todo un ceremonial participar de ese proceso democrático. Y pienso que debo de participar con mi presencia. Dudo que pudiese votar desde un ordenador o por correo, se me antojan atajos poco serios.
Así que voté de la forma tradicional y con el deseo de siempre: que mande quien mande, la gente deje de vivir tan angustiada por la penosa situación que estamos atravesando.
Un voto es la aportación que podemos ofrecer las personas que vivimos ilusionadas en que se produzca un milagro.
Hemos de reconocer que hay motivos para estar asustados. Desconfiamos de los políticos, porque nos han defraudado muchas veces. Es una clase muy desacreditada. Sin embargo…,¿qué podemos hacer? También ellos estarán asustados y pondrán todos los medios para sacarnos del atolladero donde andamos metidos.
Esperemos y confiemos, y como dicen los más pesimistas: ¡qué Dios nos coja confesados!
Y yo digo: ¡por mi voto que no quede!