lunes, 14 de mayo de 2012

EL REFERÉNDUM DEL 66

 Si no hubiese quien hable de sus recuerdos, no habría historia. Cuando ya se es viejo, vives un poco de recuerdos, aunque no estés anclado en el pasado. Pero la memoria rebosa de cosas que has vivido, de situaciones que has padecido o has disfrutado. Y no se puede evitar comparar los tiempos, y unas veces sale ganando el pasado y otras el presente. Siempre con una pizca de nostalgia o temor a lo que se avecina, ese miedo a lo desconocido. Y hay cosas que con la distancia del tiempo quedan reducidas a simples anécdotas, o por el contrario, magnificadas. Lo cierto es que nunca tendrán el mismo valor. Hoy me viene a la memoria aquel referéndum del 14 de diciembre de 1966, en el que se votaba de forma obligatoria sobre la Ley Orgánica del Estado. Los españoles con menos preparación en cuestiones franquistas, decíamos que votar sí, era para que siguiera Franco, y votar no, era para que no se fuese. De todas formas, fuese cual fuese el resultado, para los españoles pocas cosas iban a cambiar. Como imaginábamos, puede comprobar que ni siquiera en los colegios electorales se tomaban muy en serio aquello de las urnas. Hubo mucha participación, por lo menos de trabajadores. Se decía que quien no presentase el certificado, suyo y de la familia, de haber votado, es posible que las empresas no pagasen la paga extraordinaria de Navidad. Y allí estaba yo en la cola, todo asustado, porque barruntaba que me iba a quedar sin la paga, al faltar el certificado de mi mujer que estaba enferma. Pero, con la esperanza que me dejasen votar también por ella, esperé mi turno con las dos papeletas en la mano. Mi alegría fue grande cuando le oí decir a la persona que iba delante de mí, a los componentes de la mesa electoral, que iba a votar por su mujer, sus padres, las vecinas Felisa y tía Dolores…Y votó muchas veces sin ningún problema. Y yo también deposité mi voto y el de mi mujer, y a cambio me obsequiaron con los ansiados certificados que demostraban que nosotros éramos de los españoles buenos que habían votado sin rechistar. Claro que pensando en la paga extraordinaria, porque saber lo que se votaba, pocos los sabíamos. Por las cosas que vi. y que oí , no me extrañaría que hubieran votado más gente de la había en el censo. Y además con un sí, que aunque no es importante, siempre esta mejor visto que un no. Por otra parte, un no hubiera sido un desprestigio para los componentes de los colegios y mesas electorales. Amigos incondicionales del sistema.. Por lo bajo se hacían comentarios y chistes, auque ni siquiera por lo bajo nos atrevíamos a hablar de políticas. Esas cosas se guardaban con la esperanzas de poder contarlas otro día. Con el humor necesario para no se noten los restos de la rebeldía que todavía contienen los recuerdos. ¡Las cosas que había que hacer por una paga extraordinaria!