A los españoles lo que más nos gusta es ser propietarios de la vivienda que ocupamos.
Decimos que con el dinero que paguemos de alquiler un día podemos ser propietarios.
Creo que no hacemos bien los cálculos. Si compramos una vivienda con hipoteca y por circunstancias de la vida dejamos de pagar, nos quedamos sin casa y, además hemos de seguir haciendo frente a la deuda. En cambio, si vivimos de alquiler y dejamos de pagar nos echan de la vivienda, pero no nos queda pendiente ninguna deuda por hipoteca.
Tampoco hemos de pagar contribuciones, ni mantenimiento, ni todas esas cargas que graban una propiedad.
Sin embargo, es triste no tener un rincón donde guardar los recuerdos, amar y envejecer en un lugar seguro, con los amigos y vecinos de toda la vida.
Vivir como dueño o como inquilino cuesta dinero, la cuestión es acertar con la fórmula que dé más seguridad a la gente con pocos recursos, porque el futuro laboral ya es muy incierto para gran cantidad de españoles.
Lo ideal sería que cada persona o cada familia tuviese su propia vivienda, y a eso fuimos durante algunos años.
Sólo fue un sueño, del que nos han despertado los bancos y los jueces dictando órdenes de desahucios.
La verdad es, que la felicidad en casa del pobre dura poco tiempo. Eso es lo que se ha dicho siempre.
Proyectos de humo.