sábado, 28 de septiembre de 2013

FELIZ DE VIVIR COMO HE VIVIDO


¿Qué hubiera sido de mi vida si me llegan a meter en un seminario cuando era un niño? Estas cosas pasaban en las familias pobres que tenían niños con caras de angelitos buenos. No es que mi rostro fuese de los más favorecidos, pero también con cara de diablo y buen comportamiento se podía ser cura, y, si además eras obediente, podías llegar a santo.  Sin embargo, para mí estaba el inconveniente que entonces ya me gustaban las niñas, lo mismo que ahora me gustan las mujeres. Entonces a los niños ni se le daban explicaciones ni se les decía nada. Por rumores, de esos que los niños exageran tanto, me enteré que una familia de ricos del pueblo estaba empeñada en verme con sotana y la coronilla pelada y trabajando para ellos, que para eso iban a pagar mi carrera. Durante el tiempo que duraron los rumores, viví asustado con la iglesia y con el cielo. No me atrevía ni a pensar, porque me parecía que todo lo que pensaba era pecado, de esos que llevan al infierno directamente. No me atrevía ni a entrar en la iglesia, porque pensaba que todos aquellos santos tan serios, podían ver mis pensamientos y enfadarse conmigo.

¿Y la fe? Bueno, a edad tan temprana podía ser cuestión de costumbre y de tiempo, de misterio y de miedo.

Don Miguel antes que cura había sido niño de padres pobres. Todos le llamaban Don Miguel, menos su benefactora que lo seguía llamando Miguelito. Para ella sólo había cambiado que los padres de su protegido ahora van a la iglesia y antes no iban, el padre blasfemaba y ya no blasfema.  Mucho mayor que yo, pero fuimos buenos amigos, y lo seguimos siendo, aún con sotana y de lo mucho que lo habían cambiado.

A pesar de todo, no podemos dejar de hacernos la pregunta de sobre como hubiera sido nuestra vida de haber hecho esto o aquello. Lo que podría haber sido y el futuro, siempre será uno de las grandes misterios

Lo pasé muy mal, y gracias que no siguieron insistiendo. Si lo hacen, yo hoy, soy un cura jubilado. No estaría casado, ni tendría hijos ni nietos, ni hubiera vivido mi vida. La mía, y no la que otros hubieran diseñado para mí.

 Vivir es pecar y arrepentirse, es perdonar y pedir ser perdonado, es caer y levantarse. Es poner al cielo como testigo que siempre te has comportado como un ser humano. Y no eres culpable de nada, porque tus errores ya venían incorporados a tú naturaleza.

Motivos tengo para estar contento de vivir como he vivido. Sin haber sido persona importante,  ni haber tenido en mis manos el futuro de nadie. Mi único dueño es el destino; y mi norma de conducta, el respeto a todos los seres humanos.