...... LAS ASOCIACIONES
Hay personas que no pueden vivir sin pertenecer a muchas asociaciones y además ser miembro importante en cada una de ellas. Y cuando no puede ser, pues, fundan una nueva y se nombran presidente. La iniciativa no merece un premio inferior a ese. Es bueno estar asociados, son muchas las ventajas que se tienen, desde buena información hasta defender mejor los derechos o la defensa de tales o cuales cosas. En realidad, de una ú otra forma, estamos todos asociados, y si no lo estamos, todos ponemos la mano cuando se trata de recibir beneficios. Están las consolidadas desde hace mucho, las que hacen un gran servicio a la sociedad, al país y al mundo. Pero otras, nacen de las necesidades del momento, sin un claro cometido, sin mucha utilidad, producto de la moda, con nombres sospechosos, y que viven mientras haya subvenciones y gente a la que le guste figurar como personas importantes. Y las hay para todos los gustos: de hombres y de mujeres, de malos modos y de abrazos, de flamencos y de tristes, a favor de una fiesta y en contra, de caballos y de burros…En fin, la lista sería interminable. Un día que me dio por contar asociaciones de estas tan pintorescas, me aburrí mucho antes de terminar de contarlas. Algunas parecen ejércitos en claros enfrentamientos, y todo porque cada una interpreta la razón a su manera. Pero, bueno, mientras reciban dinero para las balas y las vendas…
No es normal, pero tampoco es raro que un día sea noticia pública alguna asociación y sus responsables, por algo que no hicieron bien o hicieron más de la cuenta. Pequeños descuidos o exceso de autoridad y de celo. Y es que es tanta la pasión que se pone en la obra, que acaba uno creyéndose propietario de todas las acciones de la empresa.
Es un buen sitio para que practiquen jóvenes profesionales, y también como trampolín para que, al fin, destaquen viejas glorias. Y, por qué no, para estrechar lazos familiares y ampliar el círculo de amistades.
BORDILLOS Y SILLAS
SIN PALABRAS. Es el mejor título que se me ocurre, dejando que cada persona que vea la foto le ponga su comentario, y no les pase desapercibido el lugar donde esta hecha. Estoy seguro que hasta la administración del ramo competente tendrá algo que decir, y puede que con un poco de suerte los responsables hablen de la eliminación de barreras en la propia casa, haciendo más accesibles los pasos de peatones.
EL DIÁLOGO
Por muy mal que nos llevemos, nunca se debe de romper el diálogo. Es dejar la puerta abierta para, en algún momento, llegar a un entendimiento. No hay cosa más triste que esas personas que rompen relaciones para toda la vida. Y se juran odio eterno, como si se pudiera seguir odiando después de muerto. Es una pena malgastar el tiempo de forma tan miserable, y, además, la única vida que tenemos. Y hasta puede que la guerra haya empezado por cosa poco importante, por lo que no es razonable que personas allegadas se queden mudas para siempre frente al enemigo fabricado con odio y resentimiento ¿Por qué nos enfadamos tanto? ¿Por qué somos tan resentidos? Defendiendo diferentes intereses, es normal que se produzcan roces, pero hay que evita llegar a palabras mayores y que la sangre llegue al río, y, sobre todo, dejar de hablarse, aunque sólo sea por razones tácticas, de educación y de conveniencia. Las personas más inteligentes dicen que el enemigo hay que tenerlo cerca, ya que es la mejor forma de tenerlo vigilado y controlado. Es lógico que los choques se produzcan entre personas cercanas, esas con relaciones de parentesco, vecindad, amistad, relación profesional o cualquier otra forma de trato. Y es porque sus vidas han de seguir desarrollándose en el mismo entorno, por lo que es bueno no romper nunca el diálogo, con él se pueden discutir y solucionar problemas, cosa que no ocurre con el silencio y la indiferencia. Es conveniente, antes de enfadarse, dar y recibir explicaciones, y tratar de razonar soluciones, y ponerse en el lugar del otro, y hasta, algunas veces, ceder un poco, sin que eso sirva de menoscabo para muestro orgullo.
Después de escribir tan idílico razonamiento, me paro y pienso si el comportamiento de la gente se aproxima mucho a mis deseos. Soy un pobre soñador que sabe que con sus argumentaciones no podrá cambiar nada. Que la gente seguirá peleándose con insultos, haciéndose el vacío, y mirándose en silencio con cara de perro.
Y, sin embargo, confiemos en que con diálogo habrá entendimiento.
SOÑANDO DISPARATES
¿Y si los niños nacieran de forma parecida a como nacen los pollos en las incubadora?
No es que sea muy buena la comparación, claro que para los sueños no hay lógica. Lo que si es lógico que se le quitaría a la mujer un gran peso de encima, y el hombre no sentiría el remordimiento que hoy siente, ante la injusticia de que la maternidad no sea compartida. Como lo viene siendo el trabajo, las labores del hogar, la cama, el whisky o el tabaco. Sería una sociedad más igualitaria todavía. Y para que la felicidad sea completa, que el estado pague una mujer extranjera para que críe a los niños, siquiera, hasta que puedan ir solos al botellón con los amigos. Estos sueños, hoy, no son tan disparatados, pues hay cosas muy difíciles que las presentas como sencillos inventos, Puede que un día una científica cabreada decida tener muchos hijos, pero sin parir ninguno. Quién tendría un porvenir más bien negro sería el marido, pareja o compañero, pues el pobre sólo quedaría para el pajeo. Y algún día ni para eso, ya se encargarían de hacer copias de los bichitos por el método de célula madre o cualquier otro desconocido sistema. O puede que exista la posibilidad de recargar de semillitas el consolador, con lo que el macho pasará a ser historia. Y los matrimonios o parejas de sexo diferente y del mismo sexo, ya no tendrían tantos problemas para poner en sus vidas un niño. Bastaría con ir y encargar uno a su medida, para después educarlo a su imagen y semejanza.
Es terrible imaginar todas las barbaridades que se podrán cometer algún día
Dicen que muchos sueños se convierten en realidad. Confiemos que, por lo menos este, pase desapercibido.
Da miedo pensar la cantidad de tonterías que se pueden soñar antes de quedarse dormido.
VACACIONES EN BENIDORM
Pues, aquí estoy de nuevo, en dos semanas como había prometido. Para mí es tiempo más que suficiente para romper la rutina de todo un año y poder decir que he estado en Benidorm. Aunque lo cierto es que no puedo contar gran cosa, porque se cuentan las cosas extraordinarias, y de extraordinario a mi no me ha ocurrido nada. Ni siquiera puedo contar que estuve a punto de ahogarme, ya que no me he bañado. Y, sin embargo, he disfrutado paseando, apenas amanecía, por el Paseo Marítimo. A esa hora que todavía huele a noche y la luz del amanece nos va mostrando los excesos de la fiesta, las miserias de la vida y la alegría de vivir el sueño de los afortunados que pueden permitirse veranear en esta ciudad hecha para el turismo y el ocio. Y como iba diciendo, me he sentido feliz dando esos paseos mañaneros, casi siempre en amigable charla con alguna persona con la que no tienes nada en común, pero que de pronto descubres que puede ser tú amigo. Y es que todo lo que se comparte, acaba uniendo. Nosotros compartimos la madrugada, la vista de la playa casi desierta y el barrido de las olas sobre la arena. Nos encontramos jóvenes con los restos de la juerga, controles policiales y barrenderos aseando las calles con el afán de dar la mejor imagen. Y hasta vimos como los más madrugadores pinchaban la sombrilla de colores en la arena, cerca del agua. Y se tumbaban en su hamaca a rayas, y contemplaban la línea del horizonte, allá donde se confunde el mar y el cielo.
A pesar de mi insignificancia debajo de tan altos rascacielos, me he sentido hombre importante encima de mi descapotable. Y, también, me gusta la vida de los hoteles, sin importa si no conoces a la gente, ni que muchos te saluden en otros idiomas. Todo el mundo es amable. El respeto no es cuestión de lenguas.
Antes no, pero ya sí, cuando viajo voy temiendo problemas debido a mi discapacidad, y, la verdad, que nunca pasa nada fuera de lo normal. Este viaje ha sido como tantos otros. Sólo ha habido pequeños contratiempos, más de accesibilidad que otra cosa. En los de otra clase, me ayuda mi mujer, mi mejor compañera en los viajes y en la vida. Además, siempre he contado con la colaboración de mis compañeros de aventura, a los que, de corazón, doy las gracias más sinceras. Son de Fuente de Cantos,, mi pueblo de nacimiento y de Zurbarán, el gran pintor extremeño.
Y aquí dejo esta corta entrada, haciendo un intento de valoración de mi ausencia.
FOTOS DE FAMILIAS NUMEROSAS
A finales de los años 60 y principios de los 70, la gente empezó a darse cuenta de todas las ventajas que reportaba tener cartilla de familia numerosa. Y como las familias más pobres tenían muchos hijos, los fotógrafos nunca fotografiamos más grupos familiares. Era frecuente que por la urgencia de obtener el documento, los cabezas de familia completaran el grupo con niños de amigos, parientes o vecinos, si los suyos no estaban todos en casa en ese momento, y es lo que le presentaban al fotógrafo, que generalmente iba a domicilio. No se distinguían mucho los niños, las fotos eran tan malas que ni los padres viéndolas reconocían a todos los miembros de su prole. Además decían que solo contaban las cabezas sobre la pared blanca o la sábana que se colocaba de telón de fondo.
Pero lo que me ocurrió aquella mañana de domingo fue más allá de hacer la vista gorda porque hubieran colocado en el grupo algún niño ajeno a la familia. La señora quiso y logró cambiar de marido para la foto. Como el cabeza de familia no estaba en casa y le corría prisa que se hiciese la foto, convenció a un amigo que pasaba por la calle para que se pusiese en el lugar del padre de los niños. Me negué. Pero ella dijo que yo no tenía porque conocer a su marido ni saber para qué era la foto. No me convenció el argumento, sin embargo, acabé haciendo el trabajo.
Para mí, la aventura hubiera acabado aquí, sino hubiese sido el marido el primero que vio las fotos cuando fui a entregarlas, quien me las arrebató de las manos. Aquel hombre cambió de color, la cabeza pareció que le iba a explotar como una sandía de puro rojo. Giró la cabeza hacía el interior de la casa y con un trueno de voz, le gritó a la mujer pidiéndole una retahíla de explicaciones, acompañadas de insultos y amenaza , al tiempo que agitaba las fotos, que tenía en la mano. Y como todos podemos imaginar lo que se puede bramar en una situación como aquella, no es necesario que lo repita. Sólo añadiré que viendo el cariz que tomaban las cosas, me alejé rápidamente del lugar de la bronca ¡Cualquiera le pedía al hombre el importe de las fotos! Seguro que me hubiera embestido con la imaginaría cornamenta que pensó le ponía su mujer.
Creo que me equivoqué imaginando lo que pudo haber pasado en aquella casa, porque aquel mismo día se me avisó para que fuese a hacer la foto, y allí estaba toda la familia alegre y contenta. Los niños muy formalitos y los padres juguetones como dos recién casados. No vi ni noté señales de violencia. Ninguna referencia a lo que había ocurrido. Sin embargo, cuando fui a entregar el trabajo, la señora también me pagó el importe de una cuenta, dijo, que tenía pendiente conmigo.
Si tuviera que volver a trabajar, y pudiese elegir oficio, volvería a elegir siempre el contacto con la gente. Y en aquellos tiempos el oficio más cercano era el de retratista.
EL TATUAJE
Me han preguntado que opinaba de los tatuajes. La pregunta me cogió desprevenido, pues hasta ese momento no opinaba nada, y ahora, creo que tampoco. Ha sido un tema que, como tantos otros, me ha pasado desapercibido. Lo más cerca que he estado de esa manifestación artística es cuando estuve en la mili, que algunos compañeros se tatuaban en los brazos el nombre de las madres o de las novias. Yo no tenía madre ni tampoco novia, y así estuve libre de la tentación de pincharme los brazos. Además, ni cuando era joven hubiera convertido en una galería de arte mi cuerpo. Hoy, que soy viejo, no opino, solamente pienso y analizo lo que veo. Sin que sea ninguna crítica a quien conserva limpia su piel o la tiene con tantas pintadas como una pared en ruinas. Para gustos no hay moldes, cada cual los tiene del tamaño y la forma que quiere. Y si una persona quiere exhibir sus amores, unos encima de otros, como si quiere llevar dibujada una pinacoteca, una selva de animales exóticos o la Biblia. Aunque estos no son tiempos de sentimientos fijos, ni de aficiones ni de creencias. Ahora quieres a María y dentro de un rato amas a Ramón; en este momento te gustan los leones y más tarde las serpientes; en este instante crees en Dios y luego en su cuñao Enrique. Es lo peor que le veo a los tatuajes, que como somos tan volubles, siempre habrá que andar haciendo tachaduras en un lienzo tan precioso como es la piel de nuestro cuerpo, o aguantar toda la vida la misma leyenda Y vivir con la identidad que elegiste de joven o cuando tú actividad era otra. Un poco si tiene que condicionar la vida. Sin embargo, puede que la exhibición pictórica haga subir la autoestima. En tal caso, sí ha valido la pena.
Y a la pregunta contesté: no puedo opinar, no conozco el tema. Pero sí estoy seguro que si fuese obligatorio llevar tatuada nuestra identidad en el cuerpo, pondríamos el grito en el cielo, y hasta haríamos manifestaciones en señal de protesta.
CAIDA DEL DESCAPOTABLE
¡Santo Dios, estoy siempre en el suelo¡ Tengo mala suerte por caerme, buena por no romperme un hueso. Todo depende del humor con que se mira. La caída ha sido aparatosa, afortunadamente sin consecuencias. No he levantado lo suficiente las ruedas delanteras del descapotable, han pegado en el bordillo que tenía que salvar y he ido de cabeza contra una pared. He caído un poco atolondrado, pero sin heridas. Las gentes que acudieron en mi auxilio querían, a toda costa, llevarme al hospital, y yo no he consentido. Cuando pude me escabullí calle abajo, un poco molesto y avergonzado por el espectáculo. Con cada caída cojo más miedo, y eso me resta seguridad para seguir valiéndome, en la calle, por mi mismo. No se puede evitar. El peligro esta siempre en las aceras. En subir y bajar bordillos, en los andamios, las escaleras, los objetos que impiden el paso, las obras, los agujeros de las baldosas que faltan, de la estrechez de algunas aceras, de los coches aparcados en ellas y un larguísimo etc. etc. De verdad, es muy complicado pasear en silla de ruedas.
Los técnicos municipales diseñan de cualquier manera la eliminación de barreras. Ni piensan ni sienten lo que hacen. Rampas repentinas donde dan la vuelta las sillas, agujeros donde esta el bordillo, bordillos rebajados en las esquinas de las calles, bordillos que se les quedaron muy altos y para disimular los rebajan un poco con una radial, otros tienen el esbozo de un rebaje para que se vea la buena intención. No conozco la ley escrita, conozco la ley de la razón y la lógica y esa me dice que las cosas no se hacen bien, no. De cuando en cuando deberían ser más humildes y pedir la opinión de los usuarios. ¿O es que nos creen tan discapacitados que ni nuestra opinión es válida? Habrá siempre quién diga: “Sí que consultamos” ¿A quién? ¿A quién camina sobre dos piernas?
El porrazo tal vez me ha dañado algunas piezas de la cabeza y me ha provocado el cabreo de la impotencia. Así que para no meter la pata, doy por finalizada este entrada.
GRAN CANARIA
Estuve ingresado en Hospital Militar de las Palmas de Gran Canaria, evacuado de Sidi-Ifni. Los primeros días los pasé tendido en una colchoneta, en el suelo del salón que habían habilitado como sala para los enfermos que iban llegando de Ifni y el Sahara. El salón se encontraba rebosando de soldados heridos o enfermos. De cuando en cuando pasaba un médico o enfermero, aplicaban un calmante y desaparecían. Al cabo de unos días se normalizó la situación, nos instalaron como buenamente pudieron, repartiéndonos por todo el Hospital. No curaban nada, te guardaban en depósito hasta que podían deshacerse de ti. Allí, o estabas herido o tenías reuma, y los reumáticos tenían todos el mismo tratamiento.
En una ocasión hablamos por teléfono para la radio bajo la vigilancia de algunos oficiales, que nos indicaban lo que podíamos decir. Fue muy divertido, todos contamos lo mismo, todo era bueno, bonito y los jefes nos querían mucho. En ningún sitio hubo guerra, sólo fue una bronca, y los soldados morían de risa, por lo divertido que era todo aquello. La censura no existía, si las cartas se perdían, la culpa era de correos.
Cuando salí del Hospital me instalé en el Cuartel de Transeúnte Militar, posada para los soldados de paso. Me dieron un trozo de manta, y el lugar en el suelo que quisiera para dormir. Lentejas recalentadas en casi todas las comidas, y paseos, muchos paseos, como si hubiera digestión que hacer. De los huéspedes diré que los había de muchos Cuerpos del Ejército, aunque la mayoría procedían del África Occidental Española. Muchos Legionarios y muchos miembros del Batallón Disciplinario, algunos ya viejos, participantes en la Guerra Civil. No eran malos chicos, eran, en muchos casos, lo que las guerras habían hechos de ellos, héroes de la supervivencia, mártires de la sinrazón. Guerras ganadas o perdidas, desatinos humanos.
Nos encontrábamos en cola delante de la oficina donde el Cabo Furriel repartía el pan. De pronto sonó un tiro dentro de la oficina, nos lanzamos en tropel a la puerta, y cuando quedó abierta, se ofreció a nuestros ojos el espectáculo del Furriel tirado en el suelo del pasillo, en un gran charco de sangre y un fúsil a su lado. ¿Por qué? ¿Qué había pasado por su cabeza? Así, ya nunca podría solucionar sus problemas.
Muchas cosas vividas, algunas para contar, otras, para callar, porque no siempre la realidad coincide con el recuerdo. Y cuando se trata de informe oficiales, no ocurrió lo que vistes, sino lo dicen los papeles. Quince o veinte días después embarqué en el Plus Ultra con rumbo a Cádiz. Viajé con un pasaporte militar y 9 pesetas, del llamado socorro, para comer durante la travesía. En 3 ó 4 días me encontré en la Península, en el mismo puerto que me vio partir hacía un ignorado, para mí, destino. ¡Qué diferente la marcha al regreso! Marché con la incertidumbre de lo desconocido, y al mismo tiempo la ilusión de la aventura y lo nuevo, y regresé con el cuerpo vencido y el alma llena de heridas, envejecido y la vida rota. Sin embargo, la aventura continua, fin de un capítulo y principio de otro.