domingo, 27 de febrero de 2011

LA MILI

No es que yo este a favor del servicio militar obligatorio, sin embargo, pienso que en los tiempos que hice la mili tenía mucho de positivo, por lo menos para los jóvenes pobres, con menos oportunidades y que nunca habían salido de sus pueblos. Se les brindaba la ocasión de salir a la vida, de ampliar horizontes…Era como la universidad que los lanzaba al mundo sin miedo a lo desconocido y lo incierto. Aprendían a valerse por si mismos, el valor de la amistad y el compañerismo y la importancia del respeto y la disciplina. Y gracias al desarrollo de esas cualidades, muchos jóvenes, cuando ya fueron licenciados, organizaron sus vidas en las mismas ciudades donde habían servido. Encontrando trabajo, y formando familias. Otros siguieron los caminos que previamente se habían trazado en aquel lapsus de sus vidas. Y otros, volvían a sus puntos de origen, como se decía, ya convertidos en hombres responsables.

Puede que hubiera mucho de cierto en aquello que se decía, que en el ejército espabilaban a los tontos. Aunque también se decía que al tonto lo volvían más tonto todavía. Frases que no hay que tomar al pié de la letra.

Que duda cabe que el servio militar también tenía muchas cosas negativas, pero, aún siendo importantes, no eran tantas como las positivas. Me refiero a la formación de personas. Negativo era la falta de libertad, que no podías hacer grandes planes de trabajo, ni de formar familia, que los universitarios tenían que interrumpir sus carreras…Era obligado dejarlo todo hasta después de la mili…

Y, no obstante, lo mal que dicen que se pasaba, a todos nos gusta contar historias de la mili. Recordar compañeros que acabaron siendo nuestros amigos, oficiales que no eran tan fiero como parecían. Aquellas guardias con anécdotas y hasta aquel rancho tan malo. Y todo esto lo guardamos entre nuestros mejores recuerdos. Es la suerte que tenemos los que hicimos la mili, y la suerte que no tendrán los jóvenes de ahora. Antes los soldados eran obligatorios y podían contar historias, ahora son profesionales, y sólo pueden contar gajes del trabajo.

Mi paso por el ejército estuvo lleno de incidencias, y, sin embargo, conservo en la memoria muy buenos momentos.