Y REANUDO LA TAREA
Un largo fin de semana.
Es lo que tienen los meses de verano, que no paramos de movernos de un lugar a otro, aún sin hacer nada extraordinario. Bueno, quizás la diferencia esta en que en agosto hay muchas fiestas, y de la diversión algo se pega. Los pueblos se engalanan para recibir visitantes, ofrecer amabilidad y tradiciones, fortalecidas y renovadas cada año.
Estoy contento, y no es por lo bien que he pasado el fin de semana, es por encontrarme de nuevo entre vosotros. Necesito actividad dentro de una vida organizada. La cosa que más me agobia es el descanso excesivo. No estoy cansado, y no quiero ni la tranquilidad ni el horario de un jubilado achacoso. Así que aquí estoy dando la castaña desde el mismo momento de mi llegada. Pienso que cualquier hora es buena para dejar un saludo a los amigos, al mundo y a la vida, que me permite seguir sabiendo quien soy.
Y que importa lo que se escriba, lo importante es escribir palabras llenas de buenas intenciones. Veamos la rosa y no las espinas.
Si ver lo bonito de la vida, si creer que todo el mundo es bueno, es estar loco...Yo estoy como una cabra.
MANUALES DE INSTRUCCIONES
Como parte de la biblioteca de una casa, están los manuales de instrucciones de la cantidad de chirimbolos repartidos por todos los rincones. Es una literatura para jóvenes, que además de un lenguaje para iniciados en expresiones modernas, hay que tener muy buena vista. Esto último se podría solucionar si con los papeles regalasen una lupa. Y lo otro también tendría arreglo si hiciesen libros más elegante, y no entregaran papeles mal presentados, con palabras traducidas de cualquier manera. Vaya, que tuvieran en cuenta que también los viejos somos consumidores, y todavía no hemos abandonado el mercado. Nos ponen las cosas muy difíciles. Por si esto fuera poco, casi todas las cosas tienen mandos a distancia con muchos botoncitos para más quebraderos de cabeza. Porque, la verdad, es muy complicado interpretar correctamente la lista de funciones, mucho menos si el lenguaje es un poquillo raro y tienes vista de viejo. Todo esto nos lleva a sentirnos desanimados.
Anoche estaba viendo una buena película en mi tele nueva, se ve que toqué algún botón del mando y la pantalla se quedó en negro. Traté por todo los medios de ver el final de la película y sólo conseguí llegar al final de mi paciencia. Hube de darme por vencido y esperar que los más jóvenes arreglaran el desaguisado. En mi cabreo pensé que lo mejor era un libro, porque no había que configurarlo. Pero eso es cosas del pasado, del presente, son las nuevas tecnologías, con un lenguaje muy complicado para los viejos.
RECUERDOS
Mi primera visión de Don Benito fue una caseta de bebidas muy torcida que había en la estación y servida por una mujer vieja, también torcida. Una señora mayor, menuda y vestida de negro, que caminaba haciendo equilibrios con una maleta en la cabeza y otra en la cadera, detrás de un viajante gordo y con traje empapado en sudor y dando resoplidos. Otro trabajador del transporte trotaba al lado de un carrito cargado de equipajes y tirado por un burro. Más tarde supe que se llamaba Paco, y que la señora que acompañaba al viajante era tía suya. Viajeros que habían llegado en el tren caminaban hacía el pueblo. Un gracioso me dijo que para pasar la noche podía ir al final de la calle Villanueva, a la posada del Tío Frasquito. No era aquel hospedaje el que yo necesitaba y la acabé pasando en la fonda Centro. Al lado del cine Parque, donde proyectaban aquella noche de verano, “Ha llegado un Ángel”.
Fue una noche memorable de calor, de polvo, de cante y de gritos de ¡Avispa! ¡Avispa!
Después supe que era el nombre del maquinista que proyectaba la película, y los gritos era porque se iba la luz o se cortaba la cinta. Pensé que a pesar de todo, mi primera noche había sido divertida, y decidí desde aquel instante que me gustaba el pueblo. Y si en algún momento tuve dudas se disiparon con la claridad del día. No tardé en comprobar que había acertado en la elección del lugar para organizar mi vida.
Son cincuenta años de recuerdos, cincuenta años haciendo amigos, cincuenta años viendo como el pueblo se hacía más grande y moderno, como cambiaba empujado por el progreso.
¡Imposible hacer un recuento de todas las cosas vistas y vividas! Si tuviera que salvar, lo salvaría todo, pero, muy especialmente, la hospitalidad y la elegancia de su gente. Todo ha cambiado, menos esa generosidad innata.
Ligeras pinceladas del archivo de mis recuerdos.
LAS CAZADORAS DE LOS POLITICOS
No es difícil saber cuando los políticos se disponen a entrar en campaña electoral. Dejan de vestir con esa elegancia que marca diferencias, para vestirse de pueblo. Abandonan de inmediato el nudo de la corbata para lucir el pecho, Se desempolvan las cazadoras y los pantalones de faenas. Así parecen más proletarios, de esos que arrancan votos. En la forma de vestir no se distinguen unos de otros. En el tiempo que consumen sacos de promesas todos tienen pinta de buenas personas, de simpática gente, de amables compatriotas. Besan por la calle niños y amas de casas, saludan pensionistas viejos y parados jóvenes. No hay nada que les pase desapercibido, y por si no sabes sus nombres, te lo gritan a cada momento. Y son algunos de la tropa que les acompaña los que miran con cierta desconfianza, esforzándose en saber si eres de los suyos o eres de los otros. La gente aprovecha la cercanía para quejarse de algo. Te dan la razón o te dicen que sí, como te lo puede decir un sordo o un desmemoriado, con una sonrisa fija de esas de anuncios.
¡Qué amables son los políticos cuando necesitan algo del pueblo! ¡Y a qué velocidad suben las escaleras del tablao! Enfilan de una carrera dirección al atril donde le esperan el micrófono, los papeles y un vaso de agua, por si las palabras son muchas y se le seca la garganta, y también por la emoción que producen los aplausos de los incondicionales ¿Todavía no sé para que hacen representaciones tan importantes y tan caras, total para que asistan los que ya están convencidos. Quizás por lo bonito que queda el espectáculo, con tanta gente, tanta música y algarabía y tanta luz dando realce a los colores.
¡Qué gran prenda la cazadora de las campañas electorales! ¿Si ellas hablarán?
BLOGS OLVIDADOS.
De pronto sentí nostalgia del pasado en la Red. De todos los blogs con los que me he relacionado, de las confidencias con sus autores, de deseos sinceros al amparo del anonimato, de sueños confesados en un momento de euforia, de palabras amables y buenas intenciones. Y con esa nostalgia he buscado entre los blogs abandonados, en el limbo de Internet, el recuerdo de otros días- El maravilloso relato de algún aprendiz de escritor con alma de artista, del genio consagrado que nos hacía el obsequio de sus creaciones, el del sensible poeta enamorados del amor, de la belleza y de la vida ¡Cuántas palabras bonitas abandonadas en la Red! Y quizás porque soy un sentimental me sumerjo en esas entradas antiguas, y ardo en el deseo de dejar unas palabras de gratitud por la oportunidad de seguir disfrutando de un relato o un poema que en el pasado me hicieron feliz. Pero paso sin hacer ruido pensando que tal vez sus autores deseen el silencio y el olvido para sus inquietudes de ayer. Puede que sus vidas hayan cambiado y para muchos lo que un día fue poesía hoy sea una realidad, y para otros una ilusión pasajera. En algún sitio me encuentro con la autoria de algún tímido comentario, y en otros, siento el remordimiento de no haberlo hecho en su momento. A la larga es bonito ir dejando huellas de nuestro paso por el escenario de la vida, aunque sea con la única identidad de inquietudes y deseos de un ser humano. Nos sobrevivirán nuestras palabras volcadas en una máquina que vuela al futuro, mucho más allá de lo que la mente pueda imaginar. Y en el momento que perdemos el control sobre ellas, ya son de la historia, del tiempo y de la nada. Pero que nunca, nunca, sean eliminadas.
Sigo buscando en los blogs entradas antiguas, de pensamientos viejos en renovada esencia. Esa que mejora con el tiempo, haciéndose más delicada y más sabía. Las narraciones reposadas se me atojan más libres de culpa y hasta más sinceras. Ya no tienen que convencer ni presumir de nada, están ahí para dar placer a los buscadores de recuerdos ¡Cuántas cosas hemos podido decir a lo largo de la vida! El milagro de las nuevas tecnologías hacen posible que se puedan guardar unas poquitas para la posteridad, dando fe de nuestro paso por este mundo.
También mi blog correrá la misma suerte que otros blogs amigos, pero me quedará la satisfacción de haber intentado sobrevivir a pesar de las dificultades y del tiempo. Y dejar en él mi verdad y las miserias humanas, los cachos de una vida insignificante. Y, sin embargo, no retiro nada de lo escrito, como si fuesen palabras que no es posible recoger una vez dichas. He hecho lo que he podido y como he podido, expresado como me ha enseñado la universidad de la vida, donde no hay lecciones de gramática ni de literatura. Todo queda reducido a reglas de sobrevivencia y gramática parda. Siempre he sido sincero, y he dicho las cosas como las sentía, sin retoques ni adornos. Estoy en el tiempo de la verdad, y libre de esa vanidad tan humana. Me doy por bien pagado si mi blog, ya viejo, resulta agradable y de alguna utilidad a personas que, como yo, buscan páginas abandonadas, viejas y olvidas, en Internet. Me bastará notar que otros sabrán que también yo estuve aquí.
Lucharé para que mis palabras nunca sean silenciadas. Barbaridades puede que haya escrito muchas, pero teniendo mucho cuidado de no faltar el respeto a nadie. Son mis barbaridades, son mis cosas, y procuraré que en mi espacio no se ponga eso de “este blog ha sido eliminado” Me pregunto: ¿entre tantas cosas como he publicado no habrá algo útil para otras personas? Pues, ahí queda, es vuestro.
LUISA LA DE LOS PERIÓDICOS
LUISA, la de los periódicos. ¿Qué estaría pensando en ese momento? ¿Habrá sido feliz en el pasado o lo será ahora soñando? ¿Con qué soñaba en el lejano ahora de la foto? La vida más sencilla es una historia grande, hecha de alegrías y de penas para acabar viviendo de recuerdos. Como si el ojo no percibiera imágenes de fuera, y sólo vea las que hay archivadas dentro de la mente. El aire que respiramos quienes la conocimos, también lo respiró ella, y pisó donde pisamos nosotros. Su vida se deslizó en silencio, pero como vida, fue tan importante como la nuestra. Al fin y al cabo, con la muerte queda igualada cualquier diferencia ¿Dónde vivió? ¡Que más da! El mundo esta lleno de Luisas.
EL TRATO A LOS ANIMALES
Nunca he pertenecido ni pertenezco a ninguna asociación que defienda los intereses de los animales. En mi dieta esta incluido el consumo de carne. Trato a los animales como lo que son, y no como a las personas. Y sin embargo, estoy en contra de los malos tratos de todo lo que tenga vida, sean personas o animales. No estoy de acuerdo con viajas tradiciones, donde los desgraciados animales son los protagonista de la diversión de los humanos. No puedo estar de acuerdo con tirar cabras de campanarios, ni con peleas de perros, ni de gallos, ni de toros corriendo por las calles en las fiestas de los pueblos, ni con la tortura en los ruedos, ni… Para mí, hasta la caza es una barbarie de otros tiempos. Pero tampoco exagero en mis sentimientos, tratando a los animales mejor que a los parientes, y, por supuesto, jamás los haría herederos de nada.
Son extremos a los que llegan algunas personas con animales domésticos. A los pobres no los dejan ser felices comportándose como animales según su raza y sus instintos. Quieren que se comporten y vivan mejor que los humanos. Mejor peinados, mejor perfumados, mejor tratados y comidos que muchas personas. Si, por ejemplo, los perros pudiesen pensar, ¿qué pensarían de nosotros? Y si también ellos tuviesen dignidad dirían que los estamos maltratando por el ridículo que les obligamos a hacer. Mirarán a los de su raza, avergonzados de su cara feroz y todo su cuerpo lleno de lazos ¿Qué sentiríamos nosotros si los animales pudiesen humillarnos haciendo que nos parezcamos a los de su género?
PROBLEMAS CON LAS ACTUALIZACIONES
Para los que no sabemos mucho de informática, la solución de los problemas que van surgiendo, es como dar palos de ciegos. Si acierta uno, es por chiripa. Y no pocas veces, el daño es mayor que el beneficio. Pero, ¿qué haces, sientas un informático a tú lado? Se vale uno de los amigos entendidos en estas cosas, pero hay problemas, que por mucha voluntad que pongan, ellos no pueden resolverlos. Y con las indicaciones de Internet, yo no me entero muy bien. Así que cada día tengo más miedo de quitar y poner cosas en el ordenador. Imagino que hay programas que no se llevan bien entre si y lo mejor es no enfrentarlos. Y digo esto porque me viene pasando una cosa muy desesperante. Cuando estoy a punto de finalizar un trabajo, o de acabar de escribir una entrada, aparece una pantalla con actualizaciones. Y tengo dos caminos: o apagar el ordenador a lo bestia, desenchufándolo, o permitir que se instalen la actualizaciones, en cuyo caso tengo que restaurar el sistema, porque en caso contrario, ni Explorer ni Mozilla, me dejan entrar en Internet. Al principio creía que desenchufando no tendría que restaurar sistema, pero tengo que hacerlo en ambos casos, con la consiguiente pérdida de tiempo. Y el trabajo, hecho con gran esfuerzo, siempre, siempre se me borra. Y vuelta a empezar, y así día tras día.
¡Si al menos tuviese la opción de aceptar o no aceptar las actualizaciones! Tal vez sea que yo no sé como se hace, y hasta puede que la solución sea sencilla. Hasta que lo averigüe continuaré haciendo un trabajo casi de artesanía.
De un tiempo a esta parte vienen apareciendo complicaciones de todo tipo. Por ejemplo, el nombre y clave me lo pide a cada momento, se ve que me he convertido en un sujeto poco fiable. Y ni aún identificándome a cada momento, me abre la puerta para que entre, y sin embargo las actualizaciones se cuelan en mis dominios sin pedir permiso. Podría seguir enumerando complicaciones, pero prefiero pasar inadvertido y, por si acaso, cruzar los dedos y, con algo de miedo, continuar escribiendo.
Ya podéis imaginar como voy a acabar esta entrada. Como siempre pidiendo socorro. Rogando que me habléis un poco de estas cosas de informática e Internet. Necesito perder el miedo aprendiendo a resolver esos problemas que me llegan de la Red.
He tenido suerte, pues he llegado al final sin perder nada, sin nuevas actualizaciones ni restaurar sistema.