miércoles, 3 de noviembre de 2010

EL COLOR DEL OTOÑO

Hemos llegado a esa estación en que los árboles se desnudan y sus hojas alfombran la tierra, se mecen en el agua o se dejan llevar por la corriente. El tiempo de los membrillos, del rubí de las granadas, de las bellotas, de las nueces y las castañas. Cuando empieza a engordar el fruto del olivo y cae la hoja de la parra. Y con la caída de la hoja mueren, dicen, los enfermos que estaban esperando ya como fruta madura. Días de llevar flores al cementerio, de recordar parientes y amigos difuntos. De recordar sus nombres en una lápida, y sus caras en una foto.

El otoño es la estación de la melancolía y los recuerdos. Es hacer una parada en el tiempo, de nubes plomo y días grises. De duras sombras y sol mortecino, amarillo y triste. Cuando balan los borregos recién nacidos, en la dehesa, siguiendo a las madres que buscan hierbas entre los pastizales.

Estación, que como la estrella de oriente, mira, allá a los lejos, una Navidad y un pesebre. La dirección es buena, pero ya fuera de su jurisdicción, aunque cerca de su frontera.

¿Por qué se dirá que el otoño es triste? Creo que la tristeza esta en el ánimo. Los colores son vistosos, de amarillos y tostados. Cálidos como el color del fuego y del amor y de los deseos.