Cada tecla supone para mí un gran esfuerzo, cada palabra que escribo es un tormento, y como no soy masoquista, no repaso, no corrijo ni borro, ni cambio, ni quito ni pongo. Mi escritura es el balbuceo de un escritor manco. Y el caso que ya no sé si podré dejar de escribir, aunque no tenga nada que contar. Sin embargo, siempre habrá algo de que quejarse, algo por lo que llorar. Las penas contadas no san tan grandes, son menos negras y menos dolorosas. Eso, quizás sea cuando se comparten, no lo recuerdo. Tampoco estoy seguro si es hablar solo o escribir solo. No hay mucha diferencia entre contarse historias a uno mismo o escribirlas, en ambos casos son compartidas con la soledad. La ventaja es que siempre tienen una buena crítica, porque uno es condescendiente consigo mismo! Que solo esta el espíritu! Con la única compañía de los pensamientos. Pensamientos, mil veces repetidos, ya difuminados, titubeantes e indecisos. Se termina dudando de ellos, por poco fiables, y hasta piensas en la locura como medio de liberarte. ¿No es locura estar cuerdo?
En desordenado tropel acuden los fantasmas de nuestros temores, las pesadillas se convierten en torturadores. Tú intentas gritar en medio de los horrores, pero la voz no sale, el grito languidece antes de ser emitido. No importa, estás solo. Nadie te oye, nadie acudirá en tu socorro. Repaso y repaso lo que fue, lo que es y lo que será, y dudo, y busco, y no sé si hay motivos para seguir viviendo. Acude la mentira y el autoengaño, uno se engaña y da otro paso, y sin mirar a los lados, camina por inercia o empujado por el zumbí robotizado en que te has convertido. Damos vueltas dentro del laberinto donde hemos caído, al cabo, exhaustos y vencidos, tiramos la toalla y damos el combate por perdido.
Hay un último momento, cuando despiertas y crees que todo fue una pesadilla. El sol volverá a salir y renacerá la esperanza. Tú volverás a soñar, yo volveré a escribir sobre los monstruos que me persiguen, y así llegaremos de la mano del destino al final de nuestra sola y única representación.
Insisto, ¿porqué escribo y para quién escribo? Tal vez, porque tengo la necesidad de comunicar y de dar, pero ¿qué puedo dar, que sea válido y de utilidad? A sufrir no se aprende, la vida te lo da. Hay cosas que no se pueden enseñar, otras un poquito, se puede auto aprender. Nada más.