MICRORRELATO.
La gente para conversar ya no necesitan compañía, les basta un teléfono móvil, aunque no tenga batería. Basta uno de esos chismes colocado en la oreja, tener imaginación y ganas de decirle algo al viento, Y ya está montada la comedia del disimulo. Se ven por la calle gente gesticulando y dando órdenes como grandes políticos, altos ejecutivos o jefes de algo. Gritan enfadados o ponen cara de circunstancia, según la información que parece que les llega. Pasean calle abajo, vuelta, y calle arriba.
Y el personaje abstraído en lo que dice y en lo que escucha, no contesta al saludo de un amigo, ni a otro al que debe dinero. Y, por las señales que muestra, cualquiera podría pensar que está tratando un asunto muy peliagudo.
Cuando más enfrascado esta en el fragor de la disputa, le llega una voz que dice: “papá toma el teléfono, que te has traído el mando de la tele“