Lo repito una vez más, soy lo que escribo, y escribo lo que pienso. Así de simple. Quién siga mi blog, ha llegado ha conocerme íntimamente, y sabe como soy. Qué importa que no haya dado a conocer ni mi cara ni nombre, eso no es importante, al fin y al cabo, no es nada más que la envoltura. Para andar por la vida necesitamos una hermosa y buena envoltura con la que representar un papel que en nada se parece a nosotros, y que nos obliga a comportarnos de una determinada manera. Pero yo he querido ser leal con vosotros, despojándome, pieza a pieza, de todo lo que pudiera entorpecer vuestro juicio. Repito, soy como escribo, y eso, ya lo conocéis. Os cuento lo que nunca se cuenta, los pensamientos. Y todo sin trucos ni ardiles literarios, con palabras de la calle, sin adornos, sin florituras, con la sola preocupación de hacerme entender.
Por mi forma de pensar creo que no nací en el tiempo que me correspondía, o quizás si, estoy muy confundido. Son las ideas, son las costumbres y los comportamientos, lo que hace que me sienta perdido, como si fuese extranjero en el planeta tierra. ¿Un inadaptado, un antisistema? No, ni lo uno ni lo otro, estoy muy bien integrado, acepto la vida como es, me dejo llevar. Es algo más profundo, más importante, quizás le vaya bien lo de extranjero en el planeta tierra.
No soy materialista, soy romántico. De haber vivido en otro tiempo, nunca hubiera provocado un duelo, pero siempre lo hubiera aceptado. Me hubiera batido por honor, por lavar una ofensa o por una mujer