Y al fin llegó el día de saber si la fortuna quiere saber algo de nosotros. De los que ponemos buena parte de nuestro destino en la lotería del día 22 de diciembre.
Es la culminación de nuestros sueños: despertar con el dinero de la suerte o seguir soñando siendo pobre. No faltarán otras ocasiones, y elegiremos mejor el número, relacionándolo con acontecimiento importantes, pasándolo por una joroba o poniéndole encima un santo. Cualquier cosa menos que nos lo mire un tuerto.
Si no nos toca, no es porque no se monte la gran fiesta en torno al sorteo. Gente que se viste de forma rara, bombos llenos de bolas que dan vueltas, niños cantando monótonas canciones con letra de números, vigilantes de acontecimiento y alambres y medios informativos repitiendo lo que pasa. Y un salón lleno de sueños y esperanzas.
Para el capricho de la suerte no hay reglas. Para ella todos somos iguales, es lo que tenemos más cerca de una buena democracia. Para participar de sus designios y ventajas, la única condición es comprar un número y tenerlo bien guardado hasta cobrarlo o tirarlo a la papelera
Afortunados los que salen dando saltos de alegría delante de las cámaras de televisión o ponen sus fotos y sus nombres en los periódicos, y no tan afortunados los que hablan de salud aunque estén muy enfermos. Es el consuelo de los que no tuvieron suerte.
Bien pensado, para la suerte ni siquiera hay probabilidades. Esa señora misteriosa llega cuando le da la gana. Procuramos que no nos sorprenda, pero siempre nos coge desprevenido, aunque con la imaginación ya hemos empezado a hacer planes con el dinero que nos toque.
¿Quién soy yo para romper el hechizo? Estoy seguro que también nosotros participaremos de la montaña de millones que repartirá la lotería este 22 de diciembre de 2011. ¡!!Suerte!!!