Mientras mayor es mi incapacidad, más prisas me entran por acabar cosas. Sé que quedarán muchas por hacer, pero por lo menos lo más importante quiero que lo pueda disfrutar todo el que lo desee. No es por vanidad, pero para el tipo de trabajo que vengo haciendo creo que soy insustituible. Porque sólo yo conozco los secretos guardados en miles de negativos fotográficos: que contiene cada uno de ellos, a qué acto se refiere, en que fecha tuvo lugar el acontecimiento, cómo se llamaba esa parte del pueblo desaparecida o que ha sufrido una transformación tan grande que es imposible reconocerla, donde estaba esa fachada que ya no existe, quienes eran esas personas ya fallecidas…En fin, que para saber todas esas cosas se tiene que haber vivido la historia de cada una de las fotos.
Hay fotos con impacto, con mensajes, artísticas… Son esas que las imágenes lo dicen todo. Pero este no es el caso de fotos de testimonios gráficos de la historia, del paso del tiempo, de cómo ha cambiado Don Benito, de las personas que estuvieron en ese cambio y de cómo vivía la gente. Y todo esto necesita una explicación aunque sea mínima, unos textos breves, unas fechas aproximadas…Es necesario que las palabras acompañen a las fotos. Solas serían como un documento importante sin fecha ni firma.
He visto alguna exposición de fotos antiguas. De caras mirando a los visitantes como implorando su atención. Montones de desconocidos dispuestos de cualquier manera. De esas exposiciones ¿qué le puede interesar al visitante: la ropa, el peinado, el sombrero o los ojos de las personas fotografiadas? Y he sentido pena de esas fotos tan desvalidas y tan maltratadas, que han acabado sirviendo sólo para tener algo colgado de una pared. Es aquí donde hago hincapié que en ese tipo de exposiciones se hace necesario, siquiera, una pequeña explicación.
Procuro no abandonar fotos en el blog sin un pequeño pie de presentación, aunque, algunas veces, pequen de ambigüedad, debido al tiempo transcurrido desde que se hicieron hasta su publicación.
Tengo dos preocupaciones en este momento: una la dificultad cada vez mayor para escanear negativos y la otra que a medida que voy envejeciendo los recuerdos se hacen más imprecisos. Y ambas cosas tienen muy mala solución para mí.
Y no siempre basta la voluntad para hacer lo que queremos. Alguna vez me han ofrecido ayuda para que no acaben perdiéndose los negativos fotográficos de mi archivo, pero esa no es la solución, porque para descifrar su contenido es necesaria mi memoría, y esta va dejando de ser fiable. Espero, sin embargo, que este material no acabe en la basura hasta después de mi muerte. O tal vez mis herederos dispongan de otra cosa.
Además de las cosas dichas, no sé trabajar en equipo. Toda mi vida he ido por libre, y ni siquiera la enfermedad y la vejez han podido cambiarme.
Cosas como estas las he escrito muchas veces, y pienso seguir escribiéndolas de cuando en cuando, para que la gente me conozca mejor, sepa de mis dificultades y que cosas se pueden esperar de mí. Si he de ser sincero, pienso que esto es un mal borrador de mis reflexiones. Y para no arrepentirme, le doy a publicar sin leerlo. Quizás esto sólo sea el reflejo de mi estado de ánimo en este momento. Mañana será otro día.
Hay fotos con impacto, con mensajes, artísticas… Son esas que las imágenes lo dicen todo. Pero este no es el caso de fotos de testimonios gráficos de la historia, del paso del tiempo, de cómo ha cambiado Don Benito, de las personas que estuvieron en ese cambio y de cómo vivía la gente. Y todo esto necesita una explicación aunque sea mínima, unos textos breves, unas fechas aproximadas…Es necesario que las palabras acompañen a las fotos. Solas serían como un documento importante sin fecha ni firma.
He visto alguna exposición de fotos antiguas. De caras mirando a los visitantes como implorando su atención. Montones de desconocidos dispuestos de cualquier manera. De esas exposiciones ¿qué le puede interesar al visitante: la ropa, el peinado, el sombrero o los ojos de las personas fotografiadas? Y he sentido pena de esas fotos tan desvalidas y tan maltratadas, que han acabado sirviendo sólo para tener algo colgado de una pared. Es aquí donde hago hincapié que en ese tipo de exposiciones se hace necesario, siquiera, una pequeña explicación.
Procuro no abandonar fotos en el blog sin un pequeño pie de presentación, aunque, algunas veces, pequen de ambigüedad, debido al tiempo transcurrido desde que se hicieron hasta su publicación.
Tengo dos preocupaciones en este momento: una la dificultad cada vez mayor para escanear negativos y la otra que a medida que voy envejeciendo los recuerdos se hacen más imprecisos. Y ambas cosas tienen muy mala solución para mí.
Y no siempre basta la voluntad para hacer lo que queremos. Alguna vez me han ofrecido ayuda para que no acaben perdiéndose los negativos fotográficos de mi archivo, pero esa no es la solución, porque para descifrar su contenido es necesaria mi memoría, y esta va dejando de ser fiable. Espero, sin embargo, que este material no acabe en la basura hasta después de mi muerte. O tal vez mis herederos dispongan de otra cosa.
Además de las cosas dichas, no sé trabajar en equipo. Toda mi vida he ido por libre, y ni siquiera la enfermedad y la vejez han podido cambiarme.
Cosas como estas las he escrito muchas veces, y pienso seguir escribiéndolas de cuando en cuando, para que la gente me conozca mejor, sepa de mis dificultades y que cosas se pueden esperar de mí. Si he de ser sincero, pienso que esto es un mal borrador de mis reflexiones. Y para no arrepentirme, le doy a publicar sin leerlo. Quizás esto sólo sea el reflejo de mi estado de ánimo en este momento. Mañana será otro día.