martes, 10 de julio de 2012

EUFEMISMOS. Palabras bonitas.

Hoy se habla un lenguaje eufemístico. No nos atrevemos a llamar a las cosas por el mismo nombre que las hemos llamado siempre. Ahora queremos ser más políticamente correctos para ocultar, en el fondo, nuestras malas intenciones, que, al fin y al cabo, es lo que hace daño. Si no miramos más allá de la palabra, creeremos que todo el mundo es bueno. En las guerras todo es bueno si se informa con educación. No hay muertos civiles, hay daños colaterales. En la vida laboral, no hay despidos, hay reajustes laborales. Y los viejos son menos viejos si se les llama personas mayores. También los ciegos estarán menos ciegos si se les llama invidentes. Y ni siquiera las putas serán tan putas si se las llama trabajadoras del sexo. Hasta puede que se acaben los problemas raciales si de los negros se dice que están morenos del sol. En definitiva, este es el lenguaje que se utiliza para confundir a las personas más sencillas y menos preparadas. Es el lenguaje de quienes tienen la necesidad de dar una buena imagen para poder engañar con la palabra. Esta es la forma de comunicar de gente con responsabilidades. Sobre todo, los políticos, que utilizan palabras tan bonitas que, digan lo que digan, arrancan aplausos. Sería mucho más fácil si a las cosas se las llamara por su nombre. El inconveniente es que entonces siempre estaríamos en guardia, y no resultaría tan fácil engañarnos. Además a los magos de la palabra se les vería inmediatamente el plumero, no conseguían sus propósitos, ni podrían lucirse con palabras y frases tan bonitas y, en muchos casos, con la intención de enmarañar la verdad para que no se vea claro. ¿Mentiras, o eufemismo del más moderno?