Estas navidades serán más tristes para casi todos los españoles, porque la mayoría habrá perdido algo. Unos, el trabajo; otros, sus viviendas; aquellos, sus pequeños negocios; más cara la salud y también el entierro; y todos habrán perdido derechos y poder adquisitivos. Hasta dejará de estar en la calle, para dar alegría al comercio y a la fiesta, la paga extraordinaria de más de dos millones de trabajadores funcionarios. Era ese el dinero que le daba esplendor a las navidades y un respiro al comercio y a la hostería.
De aquellos regalos caros envueltos en bonitos papeles, pasaremos al regalo pobre envuelto en papel de periódico; y del champán, al vino peleón; y…Mejor es dejar de imaginar cómo recibiremos al niño nacido en Belén. Quizás, ni siquiera su pobreza sea comparable a la nuestra.
Aunque todavía falta mucho, me pregunto cómo se iluminarán las ciudades estas navidades, Si las bombillas darán luz como todos los años o bastará que se vean de día. Qué duda cabe que esto último estaría más acorde con estos tiempos de austeridad y sacrificio. Y en cuanto a música, basta con que en Europa nos toquen las palmas más contentos que unas pascuas, por lo obedientes que estamos siendo los ingobernables españoles.
No faltarán los que opinen que la situación no es tan grave. Que la cuantía total de las pagas extraordinarias de las funcionarios no es tan importante, y que además siempre les quedará la posibilidad de celebrar la Navidad en el 2015. Al final, nos estará esperando Año Nuevo, el Niño y los Reyes Magos para llorar con nosotros a la luz de una vela.
Este pesimismo no es nada comparado con las navidades que nos esperan.