Haciendo memoria recuerdo a fumadores de otros tiempos, cuando fumar estaba bien visto, y la costumbre no estaba tan perseguida como ahora.
La gente fumaba cualquier cosa que ardiera. Quizá porque el tabaco no lleva tantos aditivos, era más ecológico y perjudicaba menos la salud, ya que para los fumares más pobres, el humo de tabaco iba casi directamente de la mata a los pulmones.
Un lugar destacado en estas pequeñas historias, merece la petaca, y que en muchos lugares era artesanía primorosa de pastores. Un recipiente de cuero donde se guardaba el tabaco y el librito de papel para liar los cigarros. Ofrecer la petaca para echar un cigarro era una buena forma de romper el hielo de un encuentro, mostrarse amistoso y con la mejor voluntar para iniciar una conversación.
Los nervios se calmaban mientras se seguía con calma el ceremonial de liar el cigarro, encenderlo y darle la primera chupada. Y hablaban los hombres, debatían, discutían o cada uno pensaba en sus cosas mientras entre chupada y chupada se iba consumiendo el cigarro, y llegaba el momento de la despedida.
Los jóvenes no fumaban delante del padre hasta que no se licenciaban de la mili, otros hasta que no se casaban, y otros, nunca. Esta costumbre no era igual con las madres, que casi siempre eran más permisivas. Como todas las reglas, también esta tenía sus excepciones, y también había mujeres que fumaban a escondida.
Con la situación de crisis que estamos padeciendo y al precio que se esta poniendo el tabaco, el bueno y el normalito sólo lo podrán fumar los ricos. Los que no lo son, deberían de pensar en la posibilidad de una petaca y aprender a liar un cigarro, porque para seguir disfrutando de placer de fumar, acabaran fumando tabaco verde. De ese que va de la mata a los pulmones.
¡Y pensar, después de tantos años, que yo dejé de fumar porque no tenía dinero para comprar tabaco!