Mi amigo Pascual tiene claro que los buenos son los suyos y los malos son los otros.
Para él todos los caminos llevan a la política.
Él no entiende de nada, pero pone mucha atención en los insultos de sus ídolos, y no desperdicia ocasión de repetirlos con adornos de su cosecha y aumentados.
La verdad es que tiene muy buen oído y además es muy aplicado. Si algo va mal, los culpables son los de enfrente; si algo va bien, son los suyos.
Y yo me pregunto:¿Cómo podemos ser tan torpes estando las cosas tan claras? Solo hay que ser fan de los buenos, y así no se equivoca uno nunca. Además, como le pasa a Pascual, ni siquiera tiene que pensar, basta con recitar lo que dicen los suyos.
Lo complicado está en saber elegir a los buenos. Si se tratara de elegir a los malos, la cosa seria más fácil. Puede que sea porque casi todos son malos. Menos los de Pascual, claro.
No es muy arriesgado ser comparsa de la política, basta seguir un guión, tener un espíritu aborregado y no aspirar al reparto de beneficios.
Eso es cosa de los accionistas de la empresa política.
Lo de mi amigo si que es altruismo y generosidad, pues ya hay que ser cerrado de mollera o buena persona, para pasarse la vida cabreado a cambio de nada. O a lo mas, saber lo bien que viven sus ídolos.