La puerta automática
del supermercado se abría permitiendo entrar gente y dejando salir el ruido de
música de villancicos y un poco del calor del interior del local comercial.
Calor que se perdía antes de llegar al hombre de la mochilla y el cartón en el
suelo, que con letras torcidas decía: ESPAÑOL SIN TRABAJO PIDE UNA AYUDA. Una
cajita de cartón con apenas la calderilla de unos céntimos de moneda, en el
suelo delante de la parte de la acera donde estaba sentado. Adiviné
que bajo el chaquetón que lo cubría tiritaba de frío. Y con la vista
humillada bajo la gorra que le cubría la cabeza, veía los pies de
las personas que andaban ligeras por la calle. Alguna se detenía buscaba alguna
moneda y la dejaba caer en la cajita, sin ni siquiera mirar a quien socorría.
En tanto, la mayoría de la gente pasaba sin ver hombre, mochila, cartel ni
cajita.
Lo estuve observando durante un
rato. Me pregunté cual habría sido la vida de aquel hombre de apeas cuarenta
años. De su soledad, de su pobreza, de su negro futuro…La terrible realidad
repetida muchas, muchísimas veces, en un país donde tanto se presume de
derechos. No, no la vida no es justa, ¡unos tanto y otros tan pobres!
Quise expresarle mi solidaridad
deseándole feliz Navidad. Pero pensé que era inmoral y humillante desearle
feliz Navidad a aquel español con hambre, sin techo y tirado en la calle.
Desde el fondo de mi corazón le
desee suerte, a él y a todos los que como él llenan las calles de las ciudades
gritándole a las conciencias la injusticia y la gran desigualdad
social existente entre los seres humanos de un país paradisíaco para
los ricos. Para ellos, seguro que serán felices las fiestas.
…y a pesar de todo, FELIZ NAVIDAD, amigos…