domingo, 23 de diciembre de 2012

FELIZ NAVIDAD, AMIGOS...


La puerta  automática del supermercado se abría permitiendo entrar gente y dejando salir el ruido de música de villancicos y un poco del calor del interior del local comercial. Calor que se perdía antes de llegar al hombre de la mochilla y el cartón en el suelo, que con letras torcidas decía: ESPAÑOL SIN TRABAJO PIDE UNA AYUDA. Una cajita de cartón con apenas la calderilla de unos céntimos de moneda, en el suelo delante de la parte de la acera donde estaba sentado.  Adiviné que bajo el chaquetón que lo cubría tiritaba de frío.  Y con la vista humillada bajo la gorra  que le cubría la cabeza, veía los pies de las personas que andaban ligeras por la calle. Alguna se detenía buscaba alguna moneda y la dejaba caer en la cajita, sin ni siquiera mirar a quien socorría. En tanto, la mayoría de la gente pasaba sin ver hombre, mochila, cartel ni cajita.

Lo estuve observando durante un rato. Me pregunté cual habría sido la vida de aquel hombre de apeas cuarenta años. De su soledad, de su pobreza, de su negro futuro…La terrible realidad repetida muchas, muchísimas veces, en un país donde tanto se presume de derechos. No, no la vida no es justa, ¡unos tanto y otros tan pobres!

Quise expresarle mi solidaridad deseándole feliz Navidad. Pero pensé que era inmoral y humillante desearle feliz Navidad a aquel español con hambre, sin techo y tirado en la calle.

Desde el fondo de mi corazón le desee suerte, a él y a todos los que como él llenan las calles de las ciudades gritándole a las conciencias la injusticia y la gran desigualdad social  existente entre los seres humanos de un país paradisíaco para los ricos. Para ellos, seguro que serán felices las fiestas.

…y a pesar de todo, FELIZ NAVIDAD,  amigos…