El ser humano siempre ha sido bastante
pesimista. Es más dado a profetizar desastres que
alegrías. Y los que nunca hemos vaticinado nada, vivimos como si las
anunciadas catástrofes no fuesen con nosotros. Preferimos no saber cual será la
última. No podemos vivir estando siempre de luto por nosotros mismos.
Sin ser el día de los Santos Inocentes, el respetable
calendario Maya nos ha podido fastidiar las fiestas navideñas con la noticia
que no vamos a llegar a la cena de Nochebuena. Ni tampoco habrá
sorteo de lotería. Mucho menos, las doce uvas. Con el anuncio del
fin del mundo acabarán nuestros problemas Y también la crisis. Y
hasta para el Gobierno se cumplirá, siquiera, una promesa si de
verdad pasamos a mejor vida.
El tema es muy serio, pero con la esta cayendo, hasta pasa
desapercibido. Además el Planeta, aunque viejo y achacoso, aguantará hasta que
lo matemos nosotros y no una vieja profecía. De las que habido otras muchas y,
a la vista está, no se cumplió ninguna.
Así, nos veremos por Navidad. Y a pesar de la Civilización Maya
el Planeta seguirá dando saltos de alegría al compás de los villancicos.