Quiero seguir soñando con
aquellos belenes de mi niñez. De niño Jesús, virgen María y san José; de buey y
mula; de pastores y cordero…No quiero que me quiten de la escena las imágenes
con las que crecí y he envejecido. Ni quiero conocer otras historias que no
conozca ya. Para mí la verdad es la tradición, lo incierto es buscar la verdad
en los mitos. No se puede dar nada como seguro. Por tanto, hay que respetar
todas las leyendas que nos puedan hacer más felices y más humanos, sin importar
si en algo estamos equivocados.
No creo que en el belén con el
que crecimos, sea importante eliminar protagonistas, o añadir otros nuevos,
para seguir creyendo en el milagro de la vida. En el amor, en la justicia y en
la grandeza del alma humana.
Quiero seguir sorprendiéndome con
canciones navideñas, relatos del nacimiento de Jesús en el pesebre de un portal
y rodeado del calor de los animales de siempre. De Reyes Magos de
cualquier país del lejano Oriente, guiados por la misma estrella que les viene
guiando desde hace siglos.
Y qué importa que sólo sean leyendas. Los sueños y la fe,
están hechos de leyendas.
