lunes, 19 de noviembre de 2012

EL VOTO EN BLANCO


Del resultado de unas elecciones se hacen muchas lecturas, pero el resultado del recuento de votos se nota tanto en las caras como en las palabras. No debe de ser fácil asumir una derrota en las urnas, tanto por no conseguir el poder deseado, como por no ver lo contento que se pone el enemigo ganador de los comicios. Al fin y al cabo, también los políticos son humanos. Pese a que no se sonrojan cuando mienten, ni pierdan los nervios cuando se cabrean. Son elegantes hasta cuando ofenden.

Muchas veces me pregunto que pasaría si en unas elecciones se formaran grandes colas de votantes en los colegios electorales. Familias enteras esperando con sus papeletas en la mano.  Emocionados y deseosos de cumplir con su deber de buen ciudadano. Que hubiese una participación del noventa por ciento o del cien por cien. Vaya, como en los mejores tiempos de la dictadura, que votaban hasta los electores que ya se encontraban en la lista de los muertos. Que la gente esta loca por votar, y que para demostrarlo acude en desbandada a las urnas. Los políticos haciendo palmas de alegría y los medios informativos preparando ediciones especiales…

Y llegado el recuento de votos, ¿qué lectura se haría si la mayoría de las papeletas fuesen en blanco? ¿Se pensaría que es el voto del cabreo? Aunque, yo creo, que ni aún así,  con ese resultado, los políticos admitirían que han perdido la confianza de la gente y seguirían considerándose ganadores aunque hayan obtenido sólo cincuenta votos