domingo, 1 de septiembre de 2013

EL CURRICULUM

Y los trabajadores reparten curriculum por las tiendas, bares y otros negocios como quien reparte publicidad comercial. En ambos casos se vende lo mejor de un producto y, también, la mejor imagen y preparación de una persona. En las empresas amontonan esas autobiografías laborales, que con tanta ilusión y esperanza escribieron, y a las que añaden la foto con las caras más simpáticas y relajadas. Debajo, la relación de méritos, preparación y experiencia por la que se les debe de dar la oportunidad de trabajar. Y, no obstante, y por muy elaborado que este un curriculum, y por muchas cosas buenas que se digan, parece que sea la suerte la que juega el papel más importante en eso de la colocación.

Si una persona se queda sin trabajo con más de cuarenta años,  la experiencia y los conocimientos adquiridos durante su vida laboral, casi no le valen para nada. Si tiene suerte de encontrar un empleo, pocas veces será de lo que ya sabe, y lo más seguro  es que tenga que acepta cualquier cosa, le convenga o no le convenga Tal vez sea algo a ratos, por horas, a media  jornada, o uno de esos contratos indefinidos con el finiquito firmado para ser despedido cuando al jefe o a la empresa se le antoje. Le enseñarán cuatro cosas para que sea más rentable en el trabajo, y que no le valdrán para nada en la siguiente colocación. Eso si, todas las  horas a disposición de  la empresa esperando que les llamen. Y su formación, no vale para nada, ni aunque sea universitaria,  Como muestran los muchos licenciados que hay trabajando en cualquier oficio ¡Con todo lo que cuesta una carrera!

Al pasar por la puerta de una tienda cerrada y con el cartel de se “traspasa”, a través de los cristales del escaparate, vi el suelo alfombrado de curriculum  tirados. Decenas, cientos de esperanzas, que quizás ni siquiera habían sido leídas y mucho menos estudiadas.

Sentí pena, mucha pena. Y me pregunté: ¿valen para algo los curriculum en estos tiempos?