Queridos
Reyes Magos, como ya de niño era admirador vuestro con poca fortuna y zapatos
rotos, creo que por mi fidelidad merezco cualquier cosa que os pida. Pero como
la edad cambia los deseos y los juguetes son muy modernos para mis
aficiones y conocimientos, deseo algo original y que no tenga precio ni
utilidad para matar el tiempo.
Quiero
un sueño vacío de contenido útil, pero con suficiente energía para hacer de él
mi mundo fantástico, ese donde todo es posible para ser feliz en la vida y que
tan bien conocéis vosotros por la mirada de un niño. Ese sueño sería mi varita
mágica para convertir lo feo en hermoso, el dolor en felicidad, la
desesperación en esperanza, y en luz la oscuridad.
Quiero
ser aprendiz de Rey Mago para hacer feliz a la gente todo el año, y a los niños
ponerle una sonrisa permanente en los labios.
Quiero
que a cada persona le regaléis un sueño como el mío. Los viejos tendríamos
siempre la inocencia de niños y los niños la sabiduría de maestros. Para vosotros,
que procedéis del mundo de la fe, la magia y la fantasía, todo es posible.
Y
si yo creo en vosotros, ¿por qué vosotros no vais a creer en que también yo
pueda ir repartiendo milagros sacados de mi saco de imaginarios regalos? Si
vosotros venís volando en camellos desde países lejanos, decirme: ¿por qué yo
no puedo cambiar el mundo con el poder de mis deseos y la fuerza de mi soñada
varita mágica?
Majestades,
seguro, seguro que lleváis para mí un sueño, aunque sea chiquito. De todas
formas, voy a seguir creyendo en vosotros, en el Belén y en los camellos.
Ilusionado
espero que mis deseos no caigan en saco roto, un abrazo. Disancor
P.D.
Y para asegurar vuestra visita en años venideros, tener cuidado con lo que
hacéis, porque en un descuido os pueden embargar los camellos y echaros a las
listas del paro de los trabajadores españoles.