Está bien que se persiga y se castigue a los estafadores callejeros, pero, ¿se persigue y se castiga con el mismo celo a los estafadores de despacho? Esos que practican el toco mocho o el timo de la estampita a lo grande. Los trileros de la letra pequeña donde los incautos y los viejos nunca saben entre qué palabras está la trampa. Y haber la hoy. Y lo saben las leyes, y los organismos de control. Sin embargo, cuando se trata de Bancos, hasta el de España parece que mira para otro lado. Y sólo se entera cuando la estafa es muy gorda y hasta los más analfabetos lo han leído en los periódicos o lo han visto en la tele. Y a pesar de todo, los que pierden su dinero tienen que hacer mucho ruido para que esos vigilantes se den por enterados. ¿No será que los lobos procuran no morderse entre ellos?
Los Bancos no paran de hacer cábalas para beneficiarse de tu dinero. Para ellos los beneficios y para ti el riesgo. Y además se empeñan en hacernos creer que nos quieren mucho. Pero hay que ponerse en guardia hasta cuando te sonríen, y no digamos cuando un director te da la mano, te mate en su despacho y te dice que es amigo tuyo. Y si no te defiendes sin consideración, ya te puedes dar por jodido. Y la misma consigna de beneficiar al Banco, tienen empleados amigos y parientes. Esos que te presentan a la firma papeles que no hay Dios que entienda, y hablan de rentabilizar tú dinero como si ya fuese del Banco Te venden un futuro de humo, esos papales que ellos llaman productos, y que, en muchos casos, no son otra cosa que el mismo papel mojado de las Participaciones Preferentes, esas de las que se habla tantos estos días. U otras lindezas de las que se habló tanto en el pasado.
Si no eres profesional de las finanzas y además eres viejo, mejor es no buscarle, en estos tiempos, rentabilidad a los ahorros. Eres el candidato ideal para las estafas más elegantes.