Hoy es muy peligro andar por la calle. Por mucho cuidado que pongas, si la suerte te abandona, acaba dándote un porrazo algún coche. Y da igual si vas por la calzada o por la acera, si atraviesas una calle por sitio indebido o por un paso de peatones, los coches son los más fuertes y hacen burla de los andantes y en nada que tú suerte se descuides, acabas a los pies o debajo de unas ruedas.
No faltan noticias de peatones atropellados en una acera o en pasos de peatones. Es así de triste, que puedas morir con todos tus derechos. Es más seguro olvidar preferencias y andar con los cinco sentidos, sin olvidar que los coches son nuestros enemigos y además los más fuertes.
Desde hace ocho años paseamos por la calle mi amigo ciego y yo en mi silla de ruedas. Como me siento muy responsable de la seguridad de mi amigo, y como soy yo quien dirige aunque él empuje, observo a rajatabla todas las reglas de seguridad en el tráfico. Además soy muy desconfiado aún viendo que va un amigo conduciendo el vehículo, procuro que no se acerque mucho a nosotros.
Pues bien, y a pesar de todo el cuidado, hace un par de días en un paso de peatones un coche marcha atrás nos dio un buen susto. Vi como un coche nos atropellaba sin poder hacer nada por impedirlo. Y lo siguiente que vi., desde el suelo, fue a mi compañero con las piernas debajo de un todoterreno. Y mi pensamiento más inmediato fue que las ruedas le habían pasado por encima. Afortunadamente, todo fue producto de mi miedo, y seguramente el conductor del vehículo se dio cuenta a tiempo y paró en seco. Apenas caímos al suelo, acudieron multitud de personas a socorrernos. Tuvimos mucha suerte, ni mi compañero ni yo nos hicimos gran cosa. Él sangraba por una brecha en la cabeza y yo por una herida en un brazo. Nos socorrieron y nos limpiaron la sangre las personas presente. La policía municipal tardó un instante, y unos minutos después llegaron las ambulancia. En la calle nos hicieron curas de urgencia, y se llevaron a mi amigo el hospital. Yo que me sentía bien, preferí irme para casa en mi silla de ruedas, que a pesar del porrazo, seguía funcionando.
No quisiera acabar esta entrada sin dar las gracias a todas las personas que acudieron a socorrernos, a la policía municipal de Don Benito, al personal que acudió con las ambulancia y a todo el que tuvo alguna relación con el accidente. También deseo que para el conductor del coche implicado sólo haya sido un susto, además de un aviso para evitar males mayores en lo sucesivo. Soy consciente que también, en ocasiones, para los conductores, tener un accidente es cosa de mala suerte.
…y la vida sigue.