viernes, 3 de agosto de 2012

MOMENTO PARA LEER

Me gusta mucho leer, y aunque unos temas me gustan más que otros, siempre he leído cualquier cosa y cualquier papel que tuviera letras. 
Durante toda mi vida no he hecho otra cosa que comprar libros, y llenar todos los rincones de las viviendas que hemos habitado. Nunca he comprado libros caros ni ediciones de lujo, porque los he querido para leerlos, prestarlos o regalarlos, y no para que adornen ningún mueble, ni para que los vean los amigos. Los libros, como las personas, no importa la vista exterior, lo que importa es el contenido. Y los hay muy feos por fuera y maravillosos y apasionantes por dentro. 
 Leo en casa, en las colas mientras espero turno, en lugares conocidos de las calles, de las plazas o de los parques. Pero soy incapaz de leer mientras viajo, en lugares que visito por primera vez y, mucho menos en una playa. Me parece una lamentable pérdida de tiempo desaprovechar la oportunidad de admirar cosas nuevas. De sorprenderme con lo que veo, de sentir la proximidad de la novedad y la belleza de todo lo que no conocía. 
Reflexiono y pienso que el libro que tengo lo puedo leer en cualquier otro momento, porque la historia que cuenta estará siempre esperándome entre sus páginas y ni siquiera habrá envejecido. ¿Pero volveré a disfrutar del paisaje que veo desde la ventanilla del coche, del autobús o desde el tren? Tal vez otro día visite la misma ciudad,¿pero será la misma? 
Todo tiene su momento y su sitio. Si viajo me gusta disfrutar con las imágenes que captan mis ojos, y montar historias con mi propia imaginación, y darle un descanso a la del autor del libro. Darle un respiro a la fantasía y enfrentarme a la realidad de la vida. Porque no es necesario refugiarse en un libro para disfrutar de cosas bonitas. Sentirlas y palparlas en la verdad de los sentidos. Y pese a todo lo dicho, admito que es hermosa la imagen de la naturaleza, la rosa, la mujer y el libro. 
Alimento para la imaginación y la fantasía. Pero, a mí me gusta tanto la belleza de la vida como la de los libros. Una es la que percibo, la otra, la que el escritor crea y cuenta. 
 Aunque soy un enamorado de lo que escriben e inventan otros, también soy apasionado lector de la vida.