Mientras esperaba mi turno en la
farmacia, escuchaba conversaciones relacionadas con la Sanidad , la enfermedad y
lo cara que estaban poniendo la salud.
Una señora mayor, con cara de
pensionista pobre y enferma crónica, buscaba en el monedero algo para pagar la
pila de medinas que el farmacéutico le iba poniendo encima del mostrador. Al
cabo, dijo que tenía que dejar algo porque no tenía bastante dinero, y
necesitaba comprar para comer. Contó que la mitad de las medicinas eran para su
marido que estaba más enfermo que ella, y además tenían una pensión muy
pequeña. Yo pensé con amargura, que el dinero no les llegaba para comer y tomar
pastillas. Y eso que, fuera de toda duda, eran españoles con derecho
a una Sanidad pública y gratuita.
Otra persona habló del pago de
ambulancia, del cierre de muchos Centros de urgencias y de la privatización de la Sanidad pública y todo el
sistema de salud. Intervino una señora diciendo que a ella, se lo expliquen
como se lo expliquen, no la van a convencer que a los pobres los van a tratar y
a curar con los mismos medios y el mismo esmero que a los ricos. Que las
empresas privadas no son tan generosas como para rebajar sus beneficios
haciéndoles pruebas médicas a los pobres para que recuperen la salud.
Un señor que escuchaba
atentamente, remató diciendo que los dueños del negocio ya presionarían a los
médicos para que, ni siquiera, le dediquen mucho tiempo a los enfermos de la Seguridad Social.
Y hasta hubo quien habló del euro
por receta de alguna Comunidad. Y pensé que así la cosa, habría personas que el
día de compra de medicinas tendrían que ayunar.
Lo que se oye en la calle está explicado con pocas palabras, pero mucho más fácil de entender que las
académicas, eufemísticas y refinadas palabras que usan los que mandan para
hacernos creer que la Sanidad
seguirá siendo buena y que un mayor costo para el enfermo es positivo para la
salud.
Y estos desahogos de temor
y de rabia, fueron acallados por un señor con cara de rico satisfecho y
beneficiario del sistema y de la política, tratando de ignorantes a todos los
españoles pobres o perjudicados por los recortes y las sabias y generosas
medidas del Gobierno.
