martes, 19 de febrero de 2013

TIEMPOS DE DESENAMORADOS


Cuando hay más divorcios y separaciones, más se acuerda la gente del Día de los Enamorados. Con lo que no es de extrañar que San Valentín esté desconcertado, o tal vez, esté mondándose de la risa, o esté 
cabreado si piensa que lo están tomando por el pito del sereno. Hasta puede que se esté planteando cambiarse al enemigo y convertirse en el Patrón de los Divorcios, o irse directamente al paro.

Y no es para menos. Por la facilidad con que la gente se enamora y se desenamora, se casa y se descasa, se quiere y se insulta, se…y sin embargo, ¡es tan bonito el amor! Y dure lo que dure, o aunque sólo dure un rato. Y ni siquiera hay que hacerle un funeral, porque pronto se podrá reemplazar por otro. Además, apenas sin darse cuenta que se ha cambiado de pareja. Las promesas, los besos y las caricias valen lo mismo para unos que para otros. Aceptemos los tiempos como vienen.

Vivimos en tiempos de separación de bienes, de no hacer proyecto para un futuro lejano, pues en cualquier momento es necesario hacer el reparto de lo conseguido en la vida del día a día. Y las parejas, aparentemente, se quieren mucho, pero han de repetírselo hasta el agotamiento, algo así como si tuviesen duda de la verdad de los sentimientos.

Antes, San Valentín tenía a casi todos los enamorados como clientes fijos, ahora tiene que andar preguntando, algo cohibido, quién es el amor de quién.  Y ni aún así, acierta siempre. La verdad es que con las flechas va perdiendo la puntería

No era cosa de publicar esto el 14 de febrero. Enamorados los ha habido, los hay y los habrá siempre. Y mis felicitaciones y mis respetos para ellos. Mis reflexiones van dirigidas a los tiempos tan inciertos que estamos viviendo: la soledad del progreso y la rebeldía de los sentimientos.