Nuestros gobernantes han
encontrado la forma más cómoda de arreglar situaciones difíciles, y es cambiándole el nombre a lo que les molesta. Así creen que lo malo pasa
desapercibido si se esconde la situación real entre palabras nuevas y raras.
Mientras más raras, más seguras. Ahora nos enteramos que en este país no se
usaba bien la palabra rescate, referida a dinero; tampoco parece que sea
correcto decir desahucio, referido a vivienda; pero sí se puede decir
indemnización en diferido por despido, cuando se refiere a trabajo.
Se ve que los españoles no
hacemos buen uso del idioma, y ya es hora que nos vayamos acostumbrando a
asconder problemas cambiando palabras. Hay quien piensa que la llave de la
felicidad es la ignorancia. Decir mucho para que no entendamos nada. Mientras
más noticias nos dan, más desinformados estamos. Habremos de esforzarnos en
aprender el lenguaje de los políticos. Aunque ni aún así, podremos evitar ser
engañados.