martes, 28 de mayo de 2013

EN SILLA DE RUEDAS

Si uno se quejase de todos los obstáculos que se encuentra a lo largo de un paseo en silla de ruedas, sería pasarse el día cabreado. La verdad, no vale la pena.. La denuncia vale una bronca, una disculpa, una promesa; pero son cosas que se recuerdan en el momento, e inmediatamente se olvidan. Y acaba recordándolas solamente quien sufre el bordillo, los agujeros en las calles y las cosas mal hechas, la rampa repentina, el acceso a servicios, Bancos,  instalaciones de la administración o municipales, coches encima de las aceras o obstruyendo pasos de peatones…No vale la pena seguir con una retahíla de cosas que todos conocemos.

Muchos de esos problemas se solucionarían con muy poco costo: buena voluntad y que los que mandan, los que piensan y los que trabajan,  tengan en cuenta que por las calles también pasea gente en silla de ruedas, y que además, son contribuyentes.

O tal vez se piense que el problema lo tienen los que van en sillas de ruedas, y no la falta de solidaridad, ni los accesos, ni las calles.

Pienso que para mí un lugar no es accesible si necesito ayuda.