Si uno se quejase de todos los
obstáculos que se encuentra a lo largo de un paseo en silla de ruedas, sería
pasarse el día cabreado. La verdad, no vale la pena.. La denuncia vale una
bronca, una disculpa, una promesa; pero son cosas que se recuerdan en el momento,
e inmediatamente se olvidan. Y acaba recordándolas solamente quien sufre el
bordillo, los agujeros en las calles y las cosas mal hechas, la rampa
repentina, el acceso a servicios, Bancos, instalaciones de la
administración o municipales, coches encima de las aceras o obstruyendo pasos
de peatones…No vale la pena seguir con una retahíla de cosas que todos
conocemos.
Muchos de esos problemas se
solucionarían con muy poco costo: buena voluntad y que los que mandan, los que
piensan y los que trabajan, tengan en cuenta que por las calles
también pasea gente en silla de ruedas, y que además, son contribuyentes.
O tal vez se piense que el
problema lo tienen los que van en sillas de ruedas, y no la falta de
solidaridad, ni los accesos, ni las calles.
Pienso que para mí un lugar no es
accesible si necesito ayuda.
