Mis respetos a las obras
literarias Mis reflexiones se refieren a los aficionados y gente
importante que publican libros para despejar dudas sobre su talento y reafirmar
su personalidad de famoso, y nunca a la literatura.
Hoy si no escribes un libro,
parece que no eres importante. Los conocidos famosos, la gente con pinta de
inteligente, los que hablaron mucho o los nunca dijeron nada, acaban usando la
palabra escrita para reafirmar su talento, contar sus recuerdos o sus sueños,
sus verdades o sus mentiras. O tal vez solo deseen dejar constancia que un día
tuvieron ideas, proyectos, creatividad y genialidades.
Hemos de admitir que hay libros
de este género muy interesantes, otros que se abren una vez en la vida, o más
veces para enseñar la dedicatoria, y después pasan a un sitio visible de la
librería, por si el autor nos visita algún día, y otros ni siquiera dejan de
ser vírgenes. No se abren ni para quitarles el polvo.
En estos tiempos, que todos
andamos corriendo como locos, la gente más ocupadas escribe libros con muchas
páginas de historias interminables, algunas tan verdaderas que no conoce ni
la familia. También están los que quieren cambiar el mundo o evitar
que se repita el pasado. Y de todo esto sacamos que el protagonista es la
abuela del que escribe, o más bien de quién tuvo la idea. Porque del negro
escritor se dice más bien poco.
Es forzoso pensar que personas
tan ocupadas necesiten un negro fantasma para que ponga orden en las palabras y
llegue a las librerías un texto apto para ser digerido sin armarse mucho lío.
Creo que la profesión de negro
tiene mucho futuro. Aunque pensándolo bien, es mejor la del que pone su nombre
en el trabajo de otro.