viernes, 19 de julio de 2013

MENTIR NEGANDO


“Antes se coge a un mentiroso que a un cojo” 
Imagino que eso se refiere a los inofensivos mentirosos de poca monta. Los grandes, están protegidos por una obediente tropa de portavoces desmentidores, tan buenos en sus labores, que hasta les hacen sentir remordimientos a los sufridos engañados, y que acaban dudando si se ha proscrito la verdad y legalizado la mentira

Antes las palabras se las llevaba  el viento, ahora quedan guardadas en cualquier chirimbolo con batería. Es nuestra memoria, pero parece que no nuestra conciencia. Llegado el momento, se niega la cara y las palabras con la normalidad más inocente. La verdad que en estos tiempos se acepta con mucha naturalidad eso de desmentirse así mismos. Lo hace gente importante, sobre todo,  políticos de más o de menos renombre. Según ellos, lo que dicen es ley de la buena y va a misa. Sin embargo, la gente ya no los cree, aunque juren sobre la Biblia. Para ellos un juramento es una obligación de puro trámite hecho sobre el honor de un presunto.

Humano políticos: ¿Para que vale eso de prometer o jurar antes de tomar posesión de un cargo?

Hay personas que cuando se enfrentan a sus mentiras, más que ponerse rojos, les entra la risa, como si el engañar a la gente fuese cosa graciosa y divertida. No faltan los que se olvidan del micro y dicen alguna grosería, producto de sus íntimas intenciones y deseos. Y hasta los hay que luego más que rectificar, matizan. Y así creen que su honor queda a salvo y su soberbia por las nubes.

Y delante de las cámaras de televisión ya no sabemos cuando esa gente sale más guapa, si cuando dicen la verdad o cuando miente. Al menos que estén mintiendo todo el tiempo y no podamos hacer comparaciones con el cambios de color de sus rostros.

Tiempos de medias verdades y de mentiras enteras, camufladas entre palabras nuevas y bonitos eufemismos, con los que se pretende arreglar los problemas o, por lo menos, disimularlos. No podemos estar seguros de nada, porque nada es lo que parece. Mientras más se nos informa, más desinformados estamos. Ya dudamos de, hasta lo que vemos más claro. Auque claro, claro, no tenemos nada. Y el referente de genios y sabios que tenemos, hoy dicen una cosa y mañana dirán la contraria. Y las promesas…, total si no se cumplen, no pasa nada, ni aunque quedara constancia grabada.

Al menos que ya no quede de eso que hace que el ser humano se sienta orgulloso de sí mismo. Siendo el honor y la moral un lastre para andar por la vida. Aunque estemos vigilados por la ley y la tecnología, hemos perdido el miedo al castigo y que se nos enfrente a nuestras propias mentiras.

¿Y si de verdad se quemara la mano que responde por un colega? Aunque siempre queda la posibilidad de esconder la mano y negar al amigo.