Todos miran para arriba, menos el
pollo que está mirando para abajo al final del palo.
Si el ave de corral
pudiese pensar, seguro que no vería su futuro muy claro. Hasta se diría que
sería menos cruel poner en la cucaña un jamón, unos chorizos o una lechuga. Y
nosotros diríamos que ponemos lo que nos da la gana porque la tradición es
nuestra y nosotros la disfrutamos. Además pudiera ser que el pollo sólo sufra
un ligero mareo. Sin embargo, reconozcamos que muchas de nuestras diversiones
consisten en organizar bárbaros festejos, donde los protagonistas y victimas
son los animales. Y es que a al ser humano la gusta ver la sangre y el
sufrimiento, e incluso, en inofensivos animales.
Como se puede ver en las
peleas de gallos, en el tiro al pichón en las ferias de hace años, en peleas de
perros, en tirar la cabra del campanario, en…
Podemos llegar a una lista mucho
más larga, pero fijándonos en la cantidad de formas de torturas a las que se
someten a los toros, creo que es suficiente.
