El
hombre, cansado de la faena y el burro liado con sus cosas, seguro que no ven la
luz roja que da preferencia a los peatones.
En un alarde de modernidad,
seguridad en el tráfico y visión de futuro, ya hace más de cuarenta años
que se instalaron, en algún pueblo con categoría de ciudad, semáforos para
controlar el tráfico, esperando el aumento de coches y la disminución de
animales. En el lugar que representa la foto: cuatro esquinas y ocho semáforos.
No se puede decir que eso no sea estar prevenidos.
